Heladería El Jauja - Para romper con la dieta


Nombre: El Jauja
Tipo: Heladería
Estilo: Helados artesanales, cafés, pastelería.
Dirección: , Capital Federal
Teléfono:

Evaluación
Helados: Increíbles
Ambientación: Muy Buena

Mi hermana siempre me hablaba de los helados que había probado en el sur. ¡Que Jauja de acá, que Jauja de allá! Un buen día me enteré que habían abierto una heladería en Buenos Aires. Ni lento ni perezoso me fui a conocer el lugar.

Mi background de helado está dado por las típicas cadenas conocidas (Freddo, Muchi’s, Chungo, Un’Altra Volta, etc.) y algunas de las heladerías artesanales más clásicas del circuito metropolitano (Saverio en San Cristobal, Scannapieco de Palermo que cerró hace no mucho, Tino cerca del Parque Centenario, Sorrento en Lomas del Mirador, DUE en Ramos Mejía y La Veneciana en Lanús). ¡Hay que encontrarle un lugar a otra heladería más!

El Jauja nació siendo bien hippie. De hecho al principio vendían hamburguesas y todo tipo de alimentos en el Bolsón para saciar el hambre hippona hasta que se quedaron sin distribuidor de helados. ¿Qué hicieron? Los empezaron a fabricar ellos mismos.

Hoy en día sigue siendo una heladería de familia, con algunas sucursales pero con la producción en el sur. Y aunque trasladar el helado desde allá suene extraño es una forma de mantener los niveles de calidad utilizando siempre la fruta fresca en su punto de maduración exacto.

Esta es una ventaja y desventaja. La ventaja conocer de antemano un standard de calidad elevado. La desventaja es que, si se quedaron sin un tipo de fruta, ese helado no se hace hasta el año siguiente.

Muchas variedades se dieron por probar cosas distintas, como el uso de leche de oveja o cabra, frutos poco conocidos o mezcla de frutos. Los helados pasan el primer control de calidad, que lo pruebe la familia. Si les gusta, sale al mercado.

Una regla básica a utilizar en el descifrado de los nombres es: mientras más complicado de pronunciar, más complejo es el sabor.

La historia no termina en que fui varias veces a probar los helados. La historia se pone más interesante cuando gano, por primera vez, algo en Twitter.

Siguiendo en Twitter al portal Kekanto y a la heladería, un día me entero que los primeros 20 en contestar iban a estar invitados para degustar helados en este panteón de las emulsiones de sabores.

Me habría venido bien ganarme el Quini 6, pero como mi felicidad muchas veces se compra por el estómago, se me dibujó la sonrisa.

Conocía casi todos los sabores pero me vino bien para sacar algunas fotos (¡excusas!). Aunque soy más de los chocolates, las cremas y los sabores fuertes, tengo que admitir que los frutales les salen geniales.

Impuntual (a propósito) como siempre, llegué tempranito así me aseguraba no quedarme sin helado. Sabía que los fanáticos que quieren ir a una degustación de helados suelen ser tan peligrosos como un Orco del Señor de los Anillos.

Probamos 8 sabores. En orden de aparición les paso mis comentarios

Frambuesa: Frutal, fresco, buena textura tipo sorbete, sin partes de hielo ni esa cremosidad no buscada en los helados al agua, 8.5

Murra: Muy bueno, con cierto retrogusto fuerte, 8. Para los mal pensados, la murra es una fruta. Menos mal que no es una flor (digo, no?)

Limsau: Mezcla de limón con Sauco (el sabor no proviene del fruto, lo cual lo hace más interesante todavía). Suave, para paladares especiales, interesante la textura, 8.5

Anarangibre: Como su nombre más o menos nos da una idea es una mezcla de Naranja, Ananá y Jengibre. Excelente, fresco y cremoso, con el picante justo dado por el jengibre, dulce perfecto por el ananá y aroma suave por la naranja, 10.

Mouse del Piltri: Excelente, frescura y cremosidad justas, 10. Pruébenlo y me dicen.

Ristretto: ¡Mortal! Excelente el sabor del café y tiene una textura cremosa extrema, se funde en la boca. Como diría el Bambino VeiraUna Manteca”: 10

Desoriente: Sabor especial que te “desorienta” con su mezcla de sabores. Quizás sea demasiado fuerte, lo que tapa a otros gustos. Sólo para entendidos, 9

Chocolate Profundo: Directamente un orgasmo, no puedo puntuarlo por estar muy por encima de lo que mi paladar entiende. Es de esos sabores que te hacen fanático de una heladería. Sabores por los que volverías desde tu exilio en otro continente para probar.

Si son fanáticos del cacao como el que está narrando esta orgía de sabores tienen que pedirse un cuartito de Chocolate Árabe, Chocolate Andino y Chocolate Profundo. Apúrense. En cualquier momento va a estar penado el consumo de estas drogas en forma de crema helada.






 
Gracias al portal Kekanto por el evento. Yo ya me uní a la comunidad. Lo exploro y la próxima les cuento un poco más...

Con los botines de punta


Ustedes saben que no me gusta criticar, sólo hago crónicas, soy positivo, pero esta vez voy a cambiar por un momento mi discurso. ¿Por qué?

Porque dediqué una noche de mis vacaciones específicamente para conocer al “mejor restaurante de Argentina” según La Academia Nacional de Gastronomía: Nadia O.F.

Una semana atrás había comido en el restaurante de la bodega Decero, a escasos kilómetros del premiado. El restaurante de la bodega es excelente pero siendo realista sería mucho esperar que sea el El mejor de Argentina. ¿Qué pasó que me encuentro comiendo en Nadia O.F. y pienso en ese otro restaurante? Pasó lo que a veces pasa: Nadia O.F. me gustó menos, tenía una carta de vinos reducida y no me sorprendió en nada. Entonces, ¿este es el premiado? ¿Por qué me encontré en el mejor restaurante de Argentina y creo que es otro más del montón?

No es una queja, no es un reclamo, porque en definitiva la pasé bien y comí bien. Pero eso sólo. Bien. Simplemente siento que el premio es injusto con muchos otros restaurantes. Comí mejor en, por lo menos, otros veinte.

Entonces, desde mi humilde espacio, quiero hacer un poco de justicia por todos. Porque no creo ser nadie para decir “tal o cual es el mejor”, pero sí puedo decir que es injusto ese premio, o… al menos… extremadamente arbitrario.

Los medios de comunicación, los nuevos periodistas gastronómicos y las acciones masivas de prensa están desvirtuando la realidad formando opinión pública a cambio de una invitación o de un regalo empresarial.

El problema es que no se dan cuenta del poder que tienen. El problema es que les creemos.

Y yo me enojo porque, además de ser un cascarrabias, voy a comer y pongo hasta el último peso de mi bolsillo para conocer lugares, y después de ir 4 o 5 veces a un restaurante, escribo una crónica. No me quejo, porque lo hago porque quiero. Pero...

... Pero por el otro lado están los pseudo-novo-periodistas-gastronómicos a los que los invitan una vez, comen lo que les preparan especialmente para ellos, y después creen que nos informan con veracidad y autenticidad sobre “cómo es comer en el restaurante X”.

Y muchos no lo saben. No somos muchos los que nos rompemos el culo por escribir desde los ratos libres en nuestros trabajos; por ir a comer y sacar fotos; por guardar la información y anotar todos los datos importantes; por pagar la cuenta; por probar vinos que compramos con descuentos en las liquidaciones, para después ser lo más sinceros posibles con ustedes y con nosotros mismos, mientras hay otros que escriben la línea que les bajan, cómodos desde el Wi-Fi del bar que publicita con ellos.

Y eso da rabia. O mejor dicho, impotencia.

Porque el esnobismo está ganándole a la gastronomía.

Entiendo que regales un Luigi Bosca o un Rutini por la imagen que tienen. Todos sabemos que son buenos vinos. Pero poca gente conoce el Celador Malbec, el Lamadrid Cabernet Franc o el Zorzal Field Blend. Y cuando el público consumidor final va por los primeros esperando que sean los mejores vinos del país, es por algo. Es por el exceso de comunicación; creencias nacidas de la desinformación.

Y no me digan que no decir la verdad no significa mentir. Conocer excelentes vinos y hablar siempre de los mismos, conocer grandes restaurantes y nombrar siempre a los que pautan, defender cervezas de mala calidad industrial sólo porque manejan el 80% de la góndola, en definitiva, es manipular la opinión del lector.

Me da igual si manipulan la opinión pública de los lectores de Clarín, La Nación o Página 12. Son diarios asumidos como partidistas, nunca van a ser objetivos.

Pero las opiniones sobre gastronomía, son opiniones. Y una opinión que no es sincera, no vale una mierda.




Lionel Kleiman, el Guerrillero Culinario 


Los chicos de Fondo de Olla también están en desacuerdo... Leelos... : http://fondodeolla.com/el-restaurante-mas-mejor-de-la-argentina/

Hierbabuena – Algo natural para respirar de los bodegones


Nombre: Hierbabuena
Tipo: Café/Bistró
Estilo: Cocina natural, jugos, licuados, smoothies.
Dirección: Caseros 454, Capital Federal. (San Telmo)
Teléfono: 4362-2542


Evaluación
Cocina: Muy Buena
Ambientación: Excelente
Atención: Muy Buena
Precio: $60 (U$S 14 aproximado)

No sé como hacen los viejos vitalicios de los bodegones para sobrevivir comiendo siempre en los mismos lugares. Es cierto que la comida es buena, abundante y a buen precio. Pero de vez en cuando hace falta limpiarse un poco el organismo y comer sano.

No sé. Lo dicen los médicos.

Caí en Hierbabuena por rebote de Caseros ya que todavía no abrían para almorzar y no tenía muchas ganas de esperar. A unos metros del Parque Lezama, cerca del San Telmo sur, esa parte perdida entre San Telmo comercial y Barracas, está este pequeñito bistró natural, como lo llaman ellos (y como creo está bien catalogado).

Tanto los norteamericanos como los asiáticos en general les prestan mucha atención al envase. Con Hierbabuena pasa lo mismo, porque sólo mirar cómo está armado el barcito ya te invita a entrar. Podés no saber que licuado de pasto loco te van a dar, pero todo está estratégicamente pensado para que te tenga que gustar, de una u otra forma.

Detalles simples como agarrar las naranjas de un cajón al costado de tu asiento para prepararte un jugo o estar tirado en esos silloncitos de hierro viejos cual abuela de los años veinte, la ambientación es el punto atractivo.

La atención es correcta. No hay mucho más para decir; no te vas a hacer amigo de los mozos pero tampoco vas a tener que esperar 50 minutos para que te traigan la cuenta.

El punto fuerte del lugar son las bebidas. Como el Unicenter para las mujeres que buscan las novedades en ropa y accesorios, Hierbabuena es el shopping de licuados para los naturistas.

La carta es amplia y tiene sabores para todos los gustos. Está separada en grupos, como ser las limonadas, los smoothies de yogurt, los smoothies de fruta, los jugos naturales y los “Power Juice” (confieso haber leído el nombre y asociar directamente con la licuadora de TV Compras).

Para desayunar hay opciones interesantes, que van desde las tostadas hasta salmón, o elegir algún que otro cuadradito de brownie, pastafrola o muffin que, sin ser homemade, acompañan bien con los licuados. Tip: Son buena onda y si elegís podés comerte el más tentador, sea por lo grande o sea por la forma.

La posta son los licuados. Probé varios (siempre que voy me pido alguno distinto) y mangueo de los que piden los demás (como ya se imaginarán soy el típico amigo molesto que pincha de tu plato para probar lo que estás comiendo).

La ginger lemonade es una de mis preferidas, fresca para esos días otoñales de 30º y el calentamiento global.

El otro licuado que más me gusta, patagonic fruit smoothie, bien cremoso, frutos rojos con esa acidez y dulzor que te invita a tomarte toda la jarra de un golpe. Dato para los solteros: ¡Ojito con este que a veces queda alguna semillita entre los dientes y se pierde toda la magia en el pavoneo por conseguir pareja!

Lo bueno de la comida natural es que no necesariamente tiene que ser vegetariana, más allá de que la mayoría de los platos no incluyan carne, hay algunas opciones con animales muertos para quienes disfrutamos de la proteína animal en su mayor esplendor.

Junto con Le Blé es uno de los lugares que más me gusta frecuentar en pareja por lo lindo que hace al hecho de compartir y porque es bastante más tranquilo que la sobresaturación palermitana.

Choque de titanes en la góndola


Tomar cerveza en Buenos Aires está transformándose en algo muy interesante.

Años atrás las góndolas sólo tenían licuados de cereales fermentados que servían para aplacar la sed mientras comías maní o papas fritas de supermercado viendo un partido de fútbol y haciéndote mala sangre.

Año 2012 y la góndola tiene, por un lado, el mismo arroz fermentado de siempre, y por otro, una gran variedad de cervezas, nacionales e importadas, que vale la pena tomar.

Ya cualquiera puede comprarse una Leffe, una Paulaner, una Urquell o una Estrella Damm. Bueno, no cualquiera, pero si estirás unos pesos el budget tradicional bien podés darte el gusto.

Quizás la diferencia entre una cerveza mediocre y una excelente no es la misma que en un vino. Un vino barato cuesta $10, un vino excelente cuesta $100, y de ahí para arriba de forma exponencial. Una cerveza mediocre cuesta $6. Una excelente cuesta $20 (el litro). Esta característica hace mucho más accesible la posibilidad de migrar de una calidad a otra.

Hace un tiempo me encontré con Pablo Fazio, el CEO de Otro Mundo, quien me desasnó de muchas movidas comerciales que hay alrededor de la cerveza y lo complicado que resulta hoy entrar a un mercado que está acaparado por grandes marcas que se posicionaron en los últimos 30 años y, por otra parte, lo complicado que es encontrar un hueco en la mente de las personas para que prueben cosas nuevas.

Porque nosotros salimos del churrasco con ensalada mixta gracias a que tenía onda comer sushi, recién 20 años después de que lo comieran en el resto del mundo... ¿Con la cerveza nos pasa lo mismo? ... ¿Vamos a empezar a disfrutar de buenas cervezas al menos ahora, unos 1000 años después de que los Belgas hagan cerveza trapista o 500 años después de que los Ingleses inunden los bares de cervezas Ale?

Después de un llamado de mi mejor amigo y, visto y considerando que la noche estaba linda, hacía calor y tenía algunas cervecitas esperando ser absorbidas por mis papilas gustativas, procedí a comprar los ingredientes básicos que acompañan a la cerveza: maní, papas fritas, nachos, palitos, aceitunas.

Olla grande con cubitos y agua. Dos cervezas Antares (que había traído Diego) y cuatro cervezas Otro Mundo (que tenía en la heladera). Terraza. Estrellas. Mi novia. Mi mejor amigo... ¿Qué más podía esperar para una noche de Domingo, Teté?

El staff para la pseudo-cata de cercezas estaba compuesto por Pali (guerrillera/novia), Diego (guerrillero/amigo) y yo (guerrillero a secas*). Las cervezas eran (por órden de degustación): Antares Scotch Ale, OtroMundo Strong Red Ale, OtroMundo Golden Ale, OtroMundo Oktoberfest, OtroMundo Nut Brown Ale, Antares Barely Wine.

Antes de que sigan leyendo los próximos párrafos sepan que los tres locos que opinamos sobre cerveza tenemos un único aval: litros y litros de alcohol que consumimos con el único fin de desinfectar nuestra sangre y lograr tener un organismo más puro.

Hecho el disclaimer y admitiendo la falta de conocimiento teórico sobre el tema paso a escribir la opinión de cada uno sobre cada birra deglutida.

Antares Scotch Ale: Básicamente es una cerveza roja, amarga, fácil de tomar y amigable. Una de las preferidas de Diego quien gusta mucho del amargor de la cerveza. Para Pali la cerveza era más fuerte que tomarla tirada, lo cual le acentuaba ciertos sabores que no se sentían viniendo de barril. En mi caso me gusta mucho esta cerveza por ser una roja que te aplaca cualquier fuego que te pueda provocar unas papas con paprika o algún pollito kung pao.

OtroMundo Strong Red Ale: Cerveza roja, con un dulzor original no tan fácil de encontrar en las rojas, un toque picantona. A Diego básicamente no le gustó. Pali se pasó 5 minutos sacando descriptores desde caramelo hasta pico-dulce. Y a mi me gustó mucho por mi forma de ser, siempre queriendo encontrar sabores que se salgan del standard que uno está acostumbrado a tomar. Una cerveza para tomar solita, disfrutar sin excesivo calor ni tampoco tomarla un día de invierno helado. Acompaña a cualquier película de acción. Calculá 1 litro por hora de acción o ciencia ficción.

OtroMundo Golden Ale: Cerveza Ale rubia pero con la textura de una roja ale, cremosa. Una de las cervezas que más nos gustó a los tres. La preferida de Pali por ser una cerveza intensa pero amigable, por no ser una lager común y corriente pero no ser una cerveza fuerte como puede ser una Boris Bolt. Diego se la tomó como agua y yo no me quedé atrás. Coincidimos en que sería una excelente cerveza para combinar junto con sushi, más que nada por la presencia en la boca mucho más firme que una Asahi o una Sapporo.

OtroMundo Oktoberfest: Cerveza típica fabricada para las fiestas originales de Munich. De las cervezas que probamos fue la que generó opiniones más diversas. Pali tomó un trago y sólo dijo una palabra: “Manzana”. Diego la tomó, habló de lo frutal que era y se quedó esperando más. Yo la tomé y me gustó mucho lo distinta que es a los otros estilos y lo similar que es a muchas oktoberfest que tomé. Una cerveza que te puede gustar o no, pero que no dejaría de probarla por ser distinta.

OtroMundo Nut Brown Ale: Ni negra ni rubia, ni fuerte ni suave. Quizás la cerveza que menos nos gustó por no tener acostumbrado el paladar a este estilo. Para Pali, fanática de las cervezas negras, no era ni amarga como una Porter ni potente como una Imperial Stout. Para Diego, a quien no le gustan tanto las cervezas negras, la sumó a la lista de las que no lo van a volver loco. Para mí, que me gusta tomar cosas raras, tampoco me pareció tan rara. Quizás sea una cerveza para un paladar que quiera una mezcla entre rubia y negra, así que, si te gustan las morochas, acá tenés una embotellada.

Antares Barely Wine: Cerveza de alto contenido alcohólico, mucho lúpulo, fuerte, intensa, picante. Quizás era una de las que más esperaba por ser la que más me gusta de las cervezas de Antares. La dejamos para el final porque el contenido de alcohol y su persistencia hacen que la cerveza se quede en el cuello por un rato. En botella resulta ser distinta a la tirada pero sigue el mismo estilo, básicamente porque el alto contenido alcohólico la hace una cerveza que siempre va a tener aromas y sabores cubiertos del picante del alcohol. Pali no es fan de las cervezas fuertes y esta no es una excepción. Diego, al igual que yo, es fanático de todas las bebidas que superen, por lo menos, los 9º de alcohol. Y yo tomo Barely Wine hasta bajo la ducha. Sin dudas es una cerveza que cumple con las expectativas si querés algo intenso, fuerte, hasta casi diría “violento” en la boca. No apta para gente delicada. Hermana de la Boris Bolt de 8.5º o la Amsterdam Navigator de 8,6º.

El podio de Pali: OtroMundo Golden Ale, Antares Scoth Ale, OtroMundo Nut Brown Ale
El podio de Diego: Antares Barely Wine, OtroMundo Golden Ale, Antares Scotch Ale
Mi podio: Antares Barely Wine, OtroMundo Strong Red Ale, OtroMundo Golden Ale

Quizás lo mejor de esta cata de cervezas fue darnos cuenta de que, por menos rica que nos haya parecido alguna de las birras, seguían siendo cervezas muy por encima del standard que uno está acostumbrado a tomar. La menos rica de todas valía la pena comprarla si la comparábamos con las cervezas de litro de consumo masivo.

Es sólo cuestión de tirarse a la pileta.




*Cuando hablo de Guerrillero a secas no malinterpretar como Guerrillero colombiano que vive consumiendo cocaína.

Barra del Supermercado Asia Central – Haciendo Chau Fan en Barra

Nombre: N/A (Barra dentro del Supermercado Asia Central)Tipo: Barra, “De parado”
Estilo: Comida China
Dirección: Mendoza 1661, Capital Federal
Teléfono: Sí, claro.

Evaluación
Cocina: Excelente

Ambientación: N/A

Atención: N/A
Precio: $50* (U$S 12 aproximado)




*se puede comer por menos también.


Me gusta comer en lugares inusuales. Esto de comer en los bistrós de Palermo, atendido siempre por centroamericanos que fueron la moda del 2011 como mozos, las mil variantes del volcán de chocolate que te enseñan hasta en Utilísima Satelital o el “mezclum de hojas” me tiene hasta el maple de la repetición.

Por eso decidí ir (y volver alrededor de diez veces) a probar la barra de comida china que hay dentro de uno de los tres grandes supermercados del barrio chino.

Casa China, Ichiban y Asia Central (ahora llamado Asia Oriental) son los principales reductos de todo sibarita o neofoodie que intenta inmiscuirse entre especias, peces y caracoles babosos, verduras de formatos varios y cuanta latita de nosequéesperoestábarataymelacomproigual.

De los tres supermercados esta vez voy a contarles un poco sobre uno en especial, Asia Oriental, el más caótico de los tres, con más olor, charcos de agua en el piso, movimiento desenfrenado de gente y descontrol.

Si después de ese párrafo te preguntás por qué recomendar a mis fieles lectores este tugurio, es por qué seguro te "falta sopa" para comer rico, y barato. Bien sabemos que casi ningún restaurante pasaría los verdaderos controles de bromatología, pero también sabemos que, si no se preocupan por ocultar lo que otros sí hacen, y siguen llenos, es por algo.

Entrando al supermercado, por el mismo camino de ingreso, vamos a encontrarnos con una barra atendida mitad por chinos y mitad por latinoamericanos. Los chinos se separan en los 3 cocineros principales y el encargado que maneja unas 15 comandas al mismo tiempo. Los latinoamericanos, como suele ser, cumplen sus mil diferentes funciones adaptándose de una forma que ni Darwin hubiera creído posible. Todos, en un completo desorden, logran sacar platos cada 5 a 7 minutos, entre las 100 diferentes variantes disponibles.

Casi como en una carrera con obstáculos, nuestra principal estrategia será encontrar lugar para sentarnos. Desplegar el conjunto de tácticas necesarias podrá facilitarnos la comida u obligarnos a comer sentado en el borde de la heladera de las verduras o parado sobre un costado de la barra. Mi recomendación, pedir primero y después buscar alguien que esté finalizando su plato, pararse detrás y esperar cual gendarme para arrebatar el asiento en el mismo instante en el que se levanta el anterior comensal, casi como si tuviese una bomba y dependiera de nosotros evitar que explote.

Esto quizás les suene demasiado excesivo y, a hasta crean que forma parte de mi modo de redacción de una crónica para hacerla divertida. Haceme caso, el problema es encontrar lugar. No sólo hay pocos lugares, sino que la comida es excelente y los precios inmejorables.

Probé todas las variantes de arroz, fideo o carnes, varias entradas, y paso a detallarte algo de mi experiencia probando y compartiendo platos.

La entrada que sí o sí tenés que probar y que recomiendo compartir entre 2 o quizás 3 personas son los Fideos con Salsa de Sésamo. Lejos el plato más simple y más sabroso de toda la comida china que alguna vez probaste. Queda demostrado que no es necesario usar nitrógeno líquido o conseguir pimienta de Jamaica traída por un mercader que viajó en la Pinta que descubrió las Américas para que un plato valga la pena y sea considerado una bomba en la boca. Fideos hervidos, salsa de sésamo (con soja y maní), y los palitos para comer. Nada más. Nada más rico que eso.

Si te gusta la comida picante, por encima de las expectativas, tenés el Pollo Kao Pao con Arróz. Está dentro de los especiales (al final de la lista) y no tenés que dejarte engañar por el arroz en forma de corazón, porque parece tierno pero pica que da calambre. De todos los Kao Pao que comí este fue el más rico. Definitivamente vuelvo por este plato mil veces, más ahora que ya comí todos los otros y no tengo la obligación moral por investigar platos para ustedes (?).

Estos especiales que están al final de la lista incluyen (sin costo adicional) un té de zapallo. Es extremadamente dulce, muy rico, pero casi inmaridable con platos salados o picantes por que se siente como tomar un almíbar de durazno en lata entre plato y plato. Sin embargo hay que probarlo. Cada uno tiene sus gustos personales, pero para saber si es o no rico, hay que probar. Como el increíble té rojo con leche y bolitas de tapioca que venden por la calle. Me he tomado tres vasos seguidos de lo fanático que soy, así como le dí de probar a mi novia y me dijo que eso es una porquería y cada vez que me ve tomando eso piensa que no tengo paladar.
También entre los especiales hay uno de carne tipo vacío con curry y arroz, muy rico que esperaba que sea picante (como casi todos los curries) pero resultó ser suavecito. Lleva carne similar al vacío (la verdad es que no logré definir si es vacío, si es tapa de asado o qué es), la cual no es muy maniobrable con palitos (aunque está cortada tiene trozos de cuero y se hace complicado masticarla, te lleva pelear un poco, pero así se te hace entretenida la comida).

Tanto el Chao Mien como el Chao Fan son platos muy similares a los que nos han servido en otros restaurantes; quizás un poco menos aceitosos y con las verduras en el punto crocante que deberían salir siempre. También está el fideo de arroz tipo cabello de ángel que a mí, en lo personal, no me gusta, pero sale igual de bien preparado que los demás platos.

Una variante del arroz no tan común es la “Pasta de Arroz con”. Al igual que los demás platos, este viene combinado con verduras, huevo y, eventualmente un tipo de carne. La textura de los discos de pasta de arroz es un tanto gelatinosa y suele captar muy bien los sabores por lo que recomiendo optar por este plato si nunca lo comieron. Después de la entrada de fideo con salsa de sésamo y el pollo Kao Pao este es mi plato preferido.

La sopa de fideos con marisco es otra buena opción para los días fríos (por ende recomendable recién dentro de unos 4 meses). Quizás el problema para algunos será pelar los langostinos enterros con palitos, pero eso forma parte del momento que uno está yendo disfrutar. Parece chica pero les aseguro que se cansan de comer fideos y tomar sopa.

Muchos criticarán que está lleno de chinos sorbando las sopas, ruidosos como son es su cultura cuando comen, gritos de palabras inentendibles, movimiento de gente constante. Para mí, eso es lo que transforma a este excelente lugar de comida china en una experiencia que vale mucho más la pena que pasar el medio día del sábado en Palermo entre europeos y latinoamericanos comiendo lo mismo de siempre.

Andá, disfrutá, y recomendalo. Conocer este lugar te pone un escalón más arriba en la cultura gastronómica porteña.

No es un alimento, es una experiencia.

(Internacional) Comer en Miami – Gastronomía Menemista al mejor estilo década de los 90’s



Evaluación general
Cocina:
Buena
Ambientación: Buena
Atención: Buena
Precio: de 10U$S a 60U$S


Queda mal tocarse un testículo cuando se nombra a Menem. Pero todos lo hacemos. Por las dudas, vio’. También sería injusto decir que la gastronomía de Miami es una gastronomía menemista, pero todos sabemos que así es.

Sin embargo, que sea menemista, no nos dice que sea mala. Simplemente engloba muchas características que se dieron en la década de los 90’s, como ser la proliferación de platos grandes (esa abundancia extrema que se daba con los tenedores libres), llenos de grasa y miles de sabores inmaridables, bebidas que bien podían servirse en una pileta para niños y cuanto abuso por dulces y chocolates soportara nuestro organismo.

Muchas de estas cosas quedaron arraigadas en nuestra cultura y muchas fueron evolucionando. Pero todo argentino que viaja a Miami reincide en el abuso al mismo tiempo que dice: “El Lunes empiezo la dieta”.

En Miami pude visualizar esa evolución gracias a mis constantes viajes a esta ciudad (de índole laboral) en los que conocí muchos lugares y vi como fueron cambiando, aunque algunos no tanto. Digo no tanto porque la gastronomía norteamericana de los excesos sigue firme, más allá de las nuevas movidas veggies, los macrobióticos y la gastronomía minimalista. Quizás sea por eso que, cuando vamos a Miami, nos sentimos tan a gusto.

De Miami separaría a la ciudad entera en 3 partes gastronómicamente distintas.

La primera, el Downtown (microcentro), hasta hace unos 5 años era considerada una zona para comer esa pizza con textura chiclosa, hamburguesas por todos lados y café americano (una especie de caldo saborizado). Hoy en día el microcentro memense heredó algo de la gastronomía boutique, con excelentes ofertas gastronómicas.

Llevo años comiendo en La París (251 SE 1st Street, 33131), lo que básicamente se considera un pasillo para comer comida cubana típica, básica, simple, a lo sumo cuatro ingredientes y mucho sabor. De boutique no tiene nada, pero de platos simples y sanos tiene todo. Me siguen atendiendo de la misma forma, siempre con una sonrisa, inclusive en los últimos años de recesión que los tiene a todos locos. Si pasás por fuera no das dos pesos por el lugar. Entrá igual. Se come excelente por muy poca plata.

Paseando por las calles del downtown te vas a encontrar con Fratelli Milano (213 SE 1st Street, 33131) , un restaurante de comida italiana muy por encima de las expectativas que uno puede tener al llegar a Miami. Lejos, una de las mejores opciones para comer algo muy rico al medio día entre compras de electrónica, lentes de sol Rayban y zapatillas.

La segunda zona gastronómica (que es muy amplia en tamaño) es el North Miami. Hacia el norte de Miami Beach vas a tener varias opciones conocidas y muchas otras no tanto. Restaurantes conocidos como Prima Pasta (414 de la 71st Street , 33141) y Las Vacas Gordas (933 Normandy Drive, 33141) donde se puede comer más o menos bien pero sin ninguna sorpresa ni tampoco a un precio barato o Manolo (7300 Collins Ave, 33141) que viene a ser la opción barata de alrededores, siempre llena de argentinos y uruguayos.

Pero la papa del Norte de Miami para mí está en dos lugares. El primero, cerquita de Prima Pasta, es Ouzo’s (620 NE 78th Street, 33138). Comida griega atendida por una griega, castaña, señora de las cuatro décadas de rulos, tez oliva y simpática como para dejarse llevar por sus recomendaciones de ensaladas con queso feta, aceitunas negras, tomate, oliva y demás sorpresas, o el increíble cous-cous de mar que raja la tierra.

Ahora, si estás por el norte, cerca de la zona de Aventura. No. Stop! Olvidate de lo que acabo de escribir. No importa donde estés en Miami, da igual si te quedan sólo 4 horas de vida, tenés que ir a Fuji Hana (dentro del complejo Loehmann's plaza, 2775 NE 187th Street, 33180). Lugar que frecuento desde el año 2000 cuando visité por primera vez y probé sushi de verdad. No es del todo fácil encontrarlo ya que por la dirección vas a llegar a un complejo de muchos negocios y está medio perdido en esos gigantescos estacionamientos, pero buscalo, preguntá, llegá y disfrutá.

Tienen un menú de medio día excelente que ronda los U$S 11 donde incluye sushi, niguiri, sashimi y algún plato caliente. También te van a dar o ensalada o sopa, ambas increíbles. Para mi humilde paladar y opinión, el mejor sushi que comí en mi vida y a un precio que casi me daba vergüenza pagar.

Por último, la tercera zona gastronómica y la más conocida es South Miami Beach. Especialmente demarcada por la amplia oferta gastronómica de la peatonal Lincoln Road; acá vamos a toparnos con gente musculosa paseando perros tamaño XXS, locos lindos vestidos de todo tipo de colores, malabaristas, músicos y algún que otro rapero, entre una cantidad monstruosa de restaurantes, de los cuales rescato varios y se los nombro así al pasar por ser muchos y no querer aburrirlos con mi forma de explayarme sin decir nada.

A la cabeza con Nexxt (700 Lincoln Rd.), un restaurante que hace increíbles ensaladas y buenos platos rápidos, ahí nomás de la heladería Parmalat  (670 Lincoln Rd.) como para probar de los helados más cremosos que se te ocurran.

Cerquita tenés a Tiramisù (721 Lincoln Rd.) que va cambiando la carta pero tiene unos platos italianos muy buenos, aunque más caro que Nexxt. Y de la misma gama de precios tenés a World Resource Café (pegado en el 719 de Lincoln Rd.) donde hacen un Crispy Duck que ronda los U$S 28 (hay que pedirlo de los House Favorites porque se puede confundir con la ensalada de pato crocante) y que juro es uno de los platos que más me gustaron de Miami.
Con muy buenos combinados de sushi, sashimi y teriyaki (pollo, carne o langosta) el local de Sushi Siam (647 Lincoln Rd.) es uno de mis elegidos de esa zona, a la par de Sushi Samba (600 Lincoln Rd.) que también me gustó mucho, con una onda muy brasilera, música fuerte y ambiente más moderno.

Fuera de las zonas gastronómicas, siempre que te cruces con un Cheese Cake Factory, entrá, pedite cualquier porción de torta, y podés morir feliz y contento.






Fuji Hana:


















Variedad de Tortas de CheeseCake Factory